Juro inundarte de nardos.
Los pondré en tus orejas, entre el cabello
y en el cuenco de tus finas manos.
Llenaré los jarrones los domingos;
voy a sitiar tu casa con su aroma
para que me recuerdes cuando respires
y no puedas olvidarme,
nunca.
Ps. Siempre crecí con nardos, pues mis abuelos se regalaban
nardos...
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