Mi casa en el cielo está llena de cosas buenas.
Hay aroma de café en el desayuno, y comemos por placer, no por hambre.
Hay aroma de nardos en los cuartos, y dormimos por placer, no por fatiga.
Mi casa no tiene jardín, porque toda la naturaleza está a
cinco pasos.
Hay pájaros de colores y hermosos insectos; ellos no cazan, solo comen hierbas,
son eternos.
Y las estaciones son perfectas, existen solo para crear paisajes y nunca
aburrirnos.
Mi casa en el cielo tiene mucha gente: mi familia, amigos,
perros y gatos.
El amor llena el aire, nadie tiene miedo y tampoco hay enfermedad.
Somos almas bellas y libres como el viento, nos movemos sin límites de espacio
ni tiempo.
Mi casa en el cielo es perfecta, y no tengo palabras, tiempo
ni espacio para describirla.
Pero hay un lugar sagrado con el trono de Dios, y Su reino todo lo domina.
Hay arcángeles, ángeles, serafines y querubines, y nosotros reflejamos la
imagen del Padre.
Las calles están hechas de piedras y baldosas de oro, y las
casas adornadas con piedras preciosas.
El río de la vida fluye eterno; en sus aguas veo peces de colores con rastros
de mar.
Todo está bañado por una luz radiante, y no existe la noche, salvo cuando
dormimos para disfrutarla.
Mi casa en el cielo no es solo mi casa, es todo el terreno.
A veces estoy afuera, hablando y conociendo almas y gente, pues puedo hablar
cualquier idioma.
Algunas almas tienen coronas espectaculares; yo solo tengo las
suficientes para cada día, es interesante y al mismo tiempo divertido.
Cada día aprendo los misterios de Dios; la sabiduría y el conocimiento son mi
pasión.
A veces no duermo, salvo cuando extraño la noche.
En mi casa, en el cielo somos felices, pero lloramos de amor
y felicidad, sin tiempo, distancia ni espacio.
Aun así, mi día favorito sigue siendo el domingo.
Es cuando hablo con Dios, lo escucho, y me llena de infinita paz, amor y
felicidad.
Es cuando visito Su casa, veo Su rostro, siento Su espíritu, y Jesús me abraza.
Mi casa es perfecta y tiene cuartos todavía vacíos.